Benjamin y Danto

Walter Benjamin (1892-1940) creía a pies juntillas en la existencia del aura, el aura de la obra de arte, lo que él define como una “manifestación irreparable de una lejanía (por cercana que pueda estar)”. Es decir, una obra de arte auténtica es para Benjamin la original, la que se encuentra en la cella del templo o en la hornacina de una iglesia. Difícilmente, por tanto, ha de tener aura una fotografía o, mucho menos, una película cinematográfica.

Según Benjamin el carácter cultual de la obra de arte finalizó en el Renacimiento. Y en esto coincide con Arthur Danto (Míchigan, 1924), quien a su vez lo hace con el historiador Hans Belting, para ellos antes del Quattrocento no existe una conciencia del arte y mucho menos del artista como parte fundamental de la obra, como genio creador de ésta. Ambos autores destacan que hasta entonces la obra de arte estaba ligada al culto. Para Benjamin “[…] las hechuras [de la obra de arte] estaban al servicio del culto, era más importante que dichas hechuras estuviesen presentes y menos que fueran vistas”. Era, por tanto, un arte destinado a los espíritus, que no al espíritu humano, un arte que no estaba hecho para ser disfrutado. A su vez Danto liga este arte primitivo con la devoción, con lo milagroso. Cuando este final, o este principio, ocurren comienza la era del arte.

Esta época dorada del arte finaliza para Benjamin cuando aparece la reproducción técnica, que no la copia artesanal. Sin embargo Danto no habla de unas causas exactas para ese final, sino que habla de un cambio de conciencia. Danto escribe, además, de dos grandes épocas a partir del Renacimiento: la ya nombrada era del arte, cuando se desarrollan las grandes narraciones lineales artísticas y la post historia del arte, representada por el arte contemporáneo, cuando, según Danto, ya no es posible ninguna narrativa.

Brillo Soap Pads Box, Andy Warhol, 1964. Serigrafía en tinta sobre pintura sintética de polímeros sobre madera, 43,2 x 43,2 x 35,6 cm. The Andy Warhol Museum, Pittsburgh Founding Collection, EEUU.

Parece que los dos autores coinciden en señalar una muerte del arte, aunque con sesenta años de diferencia entre sus escritos. Por esta razón naturalmente la perspectiva de uno y otro es distinta. Walter Benjamin, siempre abierto a lo nuevo, que asistió al nacimiento del cine como negocio, ya no como arte, a pesar de los postulados en ese sentido escritos por autores como Abel Gance, en 1936 está inmerso en la vorágine creadora de la modernidad, en la parte final de las vanguardias del siglo XX. Arthur Danto en 1997 ya se encuentra por encima incluso de la posmodernidad, del todo vale. A pesar de las distintas épocas, resulta curioso que coincidan, al menos en cierta forma, en la idea del aura, de que una obra de arte ha de ser auténtica, aunque se trate de “Brillo Boxes”, realizada por Andy Warhol en 1964. Y es aquí donde se unen aún más ambas teorías, pero de forma un tanto extraña.

Para Benjamin el tiempo de la reproducción masiva acaba con cualquier atisbo de autenticidad en el arte, y sin embargo para Danto la obra de Warhol es el paso de la modernidad al arte contemporáneo… Warhol, el rey de la reproducción, de la litografía, el artista que reproduce las reproducciones y las convierte en obra de arte, es puesto en el escrito de Danto como paradigma de lo auténtico. Y ello porque el artista estadounidense no incorpora el objeto real, sino la imagen masiva que se tiene de estos objetos. Para entenderlo Danto dice que no hay arte verdadero, que ningún arte es más falso o más verdadero que otro. Esta cuestión, a mi entender, choca con la idea de Walter Benjamin.

Para éste la contemplación masiva de cuadros en el siglo XIX fue el principio de la muerte de la pintura. Sin embargo la obra pictórica de Warhol es, hoy en día, una de las más reproducidas mundialmente, ¿por qué? Porque es icónica, es cultual. Son reproducciones de algo o alguien que el mundo occidental reconoce de un solo vistazo, son imágenes para devotos, para ser adoradas y sin embargo, son masivas. Hay personas que se identifican con un bote de Coca-Cola y otras que lo hacen con Marilyn Monroe.

Creo que tanto Benjamin como Danto tienen razón al afirmar que la transfiguración convierte un mero objeto en obra de arte. Pero para entender esto son necesarios conocimientos y es necesaria la filosofía del arte. Si no fuese así ¿cómo es posible que las fotografías del inglés Richard Billingham (Birmingham, 1970), sean arte? Son imágenes de sus padres proletarios en su piso proletario de una barriada proletaria. Esta obra es el colmo de reproducción pues Billingham hace sus copias en la tienda de revelados de la esquina. El fotógrafo no tiene interés por el aura de la obra, lo que importa es la obra, el aquí y ahora, sí, como sostiene Benjamin, pero no es importante el medio, la reproductibilidad o la falta de ella no importan. Si fuera así ¿qué ocurriría en el caso de que se perdieran todas las fotografías de Billingham de una tirada, excepto una? ¿Tendría aura esa única copia? O por el contario ¿seguirá siendo una simple copia sin espíritu? La obra de Billingham, a mi entender, es arte no por su falta o su exceso de reproductibilidad, sino por ser cultual. Y lo es porque, al igual que en la obra de Warhol, nos reconocemos, las masas somos capaces de poner nombre a esos personajes, los cuales, por cierto, no pueden estar más alejados de la cella del templo. Para ello primeramente debimos decidir que esas imágenes son arte y para ello, efectivamente, es necesario el conocimiento.

Esa misma idea de original y copia defendida por Benjamin podríamos aplicarla a las copias romanas de las esculturas clásicas griegas. Al ser copias, las romanas no deberían tener aura, cuando todos sabemos que no es así. El aura de Benjamin viene dada por varios factores: el tiempo, que consigue crear un halo de longevidad, de sabiduría, en las obras; el espacio, pues cualquier cosa, una vez decidido que es arte, colocada en el sitio oportuno o adecuado se convierte en objeto de culto; el marco, por ejemplo la dignificación de una fotografía se consigue enmarcándola con un sencillo marco o con un dorado retablo, en ese momento se convierte en icono; o incluso el momento puede ser un factor determinante para que aparezca el aura, podemos imaginarnos ésta en un grabado de la Maja Desnuda, pintada por Francisco de Goya hacia 1800, cuando es mostrado en una escuela rural de la Asturias del siglo XIX.

Así pues ambos autores tienen razón en cuanto a la idea de muerte del arte, pero en el sentido dado por Danto. No es el arte contemporáneo un arte después de la muerte del arte, sino que es el final de las grandes narraciones estéticas del pasado. Sin embargo creo que este final ya se había producido en otras ocasiones como por ejemplo durante el periodo impresionista, cuando se banalizan los temas y se extiende la visibilidad de las obras por parte de las masas. En este sentido no tienen mucha culpa las reproducciones, tal y como afirma Benjamin. Pienso que se debe tomar una obra de arte como tal, es decir, sin importar el medio o el número de copias existentes. El hecho de que un grabado de “La Maja Desnuda” tenga aura para unos cuantos no desvirtúa en modo alguno el lienzo original. Incluso se podría dar el caso de que esa reproductibilidad consiga crear un aura distinta, un aura que únicamente se encuentra en la mente y la imaginación de cada persona, de cada elemento que constituye esa masa despreciada.

Imaginemos el caso: Una fotografía de los Picos de Europa reproducida en un periódico que lanza nueve millones de ejemplares diarios es recortada por una persona, pegada en una tabla que antes fue la tapa de una caja de puros y, con un simple clavo, es colocada en el lugar destacado del salón de una pobre casa. Seguramente la copia original de esa foto tenga un valor monetario mucho mayor que la recortada por aquella persona, pero… ¿Cuál de las dos tiene aura?

______________________________

BIBLIOGRAFÍA

Aznar Almazán, S.; Martínez Pino, J., Últimas tendencias del Arte,  Madrid, Centro de estudios Ramón Areces, 2009.
Benjamín, W., La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica en Benjamín, W., Obras Completas, libro I, vol. 2, pp. 12 y ss.
Danto, A., Después del fin del arte. El arte contemporáneo y el linde de la historia, Barcelona, Paidós, 1999.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s