El deterioro de la coyuntura económica en la segunda mitad del siglo XVI

El deterioro económico del siglo XVI sufrido por Europa en general y por España en particular ha sido siempre una fuente de debate para los historiadores. Quizá las causas deban buscarse en la llamada Revolución de los precios.

Para explicar este acontecimiento se han redactado varías teorías que han dado lugar a muchos debates historiográficos. El término fue acuñado por Earl J. Hamilton (1899-1989) y sostenía que dicha “revolución” se debió casi exclusivamente a la alta inflación causada por la llegada de ingentes cantidades de oro y plata desde América a España, sumada al crecimiento demográfico y por lo tanto a una mayor demanda de productos manufacturados. En el lado opuesto se sitúan críticos de Hamilton como Jordi Nadal (Gerona, 1929), que no está de acuerdo con las cronologías propuesta por aquel.

A pesar de todo, hoy en día no se discute el hecho de que, sino de forma total, si que existió una relación directa entre la llegada masiva de materiales preciosos y la crisis de la segunda mitad del siglo XVI. Los precios que más subieron fueron los de productos básicos, puesto que era mayor la demanda que el ritmo de producción, debido esto al aumento demográfico en grandes ciudades como Roma o Londres y también en el campo, donde la consecuencia fue la fragmentación de las posesiones y la consiguiente disminución de la productividad. A todo ello le podemos sumar las malas cosechas por el cambio climático durante la “Pequeña Edad de Hielo”, los conflictos bélicos, decisiones económicas erróneas…

Una escena en el hielo, Hendrick Avercamp, primera mitad del siglo XVII. Acuarela
19 x 31 cm. Museo Teylers, Haarlem, Holanda.

En el caso particular español podemos añadir dos factores más: el primero que a finales del siglo XVI la actividad aurífera entró en decadencia por el agotamiento de los filones y por la disminución de la mano de obra indígena. Y el segundo porque la “hidalguización” supuso el desprestigio social de las actividades artesanales. Mientras en los países protestantes mejoraba la consideración del trabajo de artesanos y mercaderes, en España ocurría todo lo contrario, lo que supuso sin duda el retraso económico. Por si fuera poco a fines de su reinado Felipe II impuso un nuevo impuesto indirecto, el llamado servicio de los millones, que gravaba productos de primera necesidad.

Este cambio de coyuntura, de expansión a retroceso, trajo como consecuencia el crecimiento del número de pobres y vagabundos que venían de distintas capas sociales: campesinos endeudados, burgueses de inferior categoría, migraciones por guerras y hambrunas e incluso gentes de la nobleza que veían como disminuían sus posesiones frente al crecimiento de burgueses industriales. Las ciudades se convirtieron en focos de atracción para mucha gente pero a la vez se convirtieron en foco de insalubridad donde se desarrollaban gran cantidad de enfermedades mortales y contagiosas.

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