Fra Angélico, La Anunciación

La Anunciación, Fra Angélico, entre 1437 y 1446, fresco, 230 cm × 312,5 cm, Museo Nacional de San Marcos, Florencia, Italia.

De todas las obras con el tema de la Anunciación que pintó Fra Angélico antes y después, ésta es, sin duda, la más existencialista, la más intimista.

Fra Angélico o Beato Angélico O. P. nació en Florencia cerca de 1390 y murió en Roma en 1455, estamos por tanto ante el artista de la fractura entre el arte gótico y el renacentista. Provenía de una familia acomodada, por ello quizá sus personajes tengan esos movimientos lentos, calculados y elegantes. Contemporáneo de Masaccio es su contraposición, aunque también su complementario. Éste es racional, de estilo contundente e individualista, mientras que Fra Angélico no busca la temporalidad o la moda, sino la trascendencia. Para él todo arte es un medio para alcanzar la perfección de Dios y así conseguir la intemporalidad. Quería que cada obra suya fuese un espejo de la belleza ideal, la que no se ve pero se puede encontrar, tanto en los hombres como en las cosas.

Todas las anunciaciones que creó influirán en las que posteriormente realicen otros artistas al crear un canon de representación para el tema. Sacó a la Virgen de la estancia cerrada típica del gótico, colocándola en un pórtico abierto, que linda con un jardín que podría ser el Edén, pues en ocasiones aparecen Adán y Eva. El Ángel avanza casi de rodillas hacia la señora, apoyando sus palabras en los gestos de sus brazos. Es un ángel lujoso, como el que se conserva en el Museo del Prado, pintado en 1432. La preciosa túnica está dorada con oro y empedrada con gemas brillantes al modo de estrellas. Sus alas son tornasoladas, exquisitas. Sin embargo el tiempo va haciendo que toda esta parafernalia, este lujo, se tornen en austeridad.

Desde luego las obras que Fra Angélico pintó en el convento de San Marco, en Florencia son el digno contrapunto a la severa arquitectura diseñada por Michelozzo. En cada una de las 44 celdas para monjes pintó una escena del Evangelio y en ella, un religioso. Y es aquí, en la sobriedad de estos pequeños espacios donde El Beato encontró el marco perfecto para plasmar su búsqueda de la trascendencia.

La Anunciación que nos ocupa, pintada hacia 1444, quizá sea el mejor ejemplo de cómo despoja a su obra de toda superficialidad, de cualquier decorativismo que pudiesen distraer su misión última, la pureza de lo representado. La paleta de colores, claros, con rosas y dorados, también forma parte del plan, de la idea que Fra Angélico tiene sobre la transición de espiritualidad religiosa. Incluso el jardín que antes pintaba minuciosamente, representase el Paraíso o no, ha desaparecido. Únicamente el monje es testigo de la escena, enmarcada, eso sí, por una arquitectura de reminiscencias claramente renacentistas pero tan pobre y simple como las ropas que ahora visten el Ángel y la Virgen. Y son las figuras de éstos, casi góticas, quienes crean un auténtico entorno de existencia, quienes hacen que, por fin, Fra Angélico logre alcanzar la perfección de Dios, no se necesitan más artificios, el hombre es todo lo que se precisa.

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BIBLIOGRAFÍA

GARCÍA MELERO, José Enrique y URQUÍZAR HERRERA, Antonio, Historia del Arte Moderno: Renacimiento, Madrid, Editorial Universitaria Ramón Areces, 2010.

PIJOÁN, José, “Summa Artis, Vol. XIII”, Arte del período humanístico Trecento y Cuatrocento, Madrid, Espasa-Calpe, 1990.

SUREDA, Joan, “Historia Universal del Arte, Vol. V”, El Renacimiento I, El Quattrocento Italiano, Barcelona, Planeta, 1999.

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