La expansión de las dos reformas

La expansión de las dos reformas en el siglo XVII

Cuando comienza el siglo XVII Europa se encuentra dividida tanto política como espiritualmente, aspectos que por aquél entonces eran prácticamente inseparables, estaba la Europa católica del sur contra la protestante de norte.

Todo había comenzado el siglo anterior cuando un profundo malestar por la decadente situación de la Iglesia llevó en 1517 a un monje alemán llamado Martín Lutero (1483-1546) a publicar 95 tesis en contra, sobre todo, de la jerarquía eclesiástica romana y de algunas convicciones de su fe. La gota que desbordó el vaso fue la venta de indulgencias (1) por parte del papa León X para sufragar los gastos de construcción de la basílica de San Pedro en El Vaticano. A este movimiento se le llamó Reforma Protestante.

Frente a ella apareció la Contrarreforma, el movimiento de reforma interna que hizo la Iglesia católica como respuesta al protestantismo, aunque también se vio obligada a ello por el descontento de numerosos sectores dentro de la misma Iglesia, deseosos de una profunda renovación de la vida y de la fe cristianas. Esta contrarreforma podemos situarla desde el Concilio de Trento (1545-1563) hasta el final de la “Guerra de los 30 años” en 1648.

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En las filas protestantes, a principios del siglo XVII, ya se habían producido las primeras divisiones. Johann Gerhard (1582-1637) fue uno de los más importantes representantes de la ortodoxia luterana. Ésta tuvo que sistematizar el movimiento, llegando a introducirse en las universidades desde las que hace una importante labor de adoctrinamiento y, así, de expansión. Precisamente en la Universidad de Estrasburgo era profesor Philipp Jakob Spener (1635-1705), quien extendió por el norte de Alemania el pietismo, movimiento surgido desde el propio luteranismo y que daba más importancia a la experiencia religiosa personal, enfatizando el estudio en privado de la Biblia. Al calor de este movimiento comenzaron y se expandieron algunas iniciativas más o menos misioneras o evangelizadoras. La ortodoxia estaba condenada y por ello Spener publicó en 1675 “Pia desideria”, un programa de renovación de la iglesia luterana. Así que ésta debía de luchar no solo contra su propio estancamiento, sino también contra las variables doctrinales que no cesan de surgir.

Ya en el siglo XVI el calvinismo se había hecho más influyente que el luteranismo. Este movimiento, muy presente en Suiza, Escocia, Francia o Alemania, mantiene una importante diferencia teológica con la Iglesia luterana: la doctrina de la predestinación descrita por el fundador del movimiento Juan Calvino (1509-1564). Estas ideas, llevadas al extremo por sus seguidores serán las que lleguen a América de la mano de los colonos cuáqueros y puritanos. Incluso hay autores que ven en las ideas calvinistas el caldo de cultivo para el posterior desarrollo de la economía capitalista, sustentándose en el hecho de que la doctrina de Calvino permite el préstamo con interés.

Mientras tanto en la Inglaterra del anglicanismo las graves tensiones religiosas y políticas desembocaron en la guerra civil, la ejecución de Carlos I y la subida al poder de Oliver Cromwell en 1649. Tras la muerte de éste en 1658 y la posterior restauración de la monarquía se renuevan las tensiones. Carlos II, Jacobo II y finalmente Guillermo de Orange (reinó entre 1689 y 1702), a quien el propio parlamento le había entregado el poder, crispan la situación hasta que éste último declara oficial la Iglesia anglicana.

Las iglesias protestantes no llevarán a cabo una labor misionera tan importante como la católica. Los únicos asentamientos que tienen lugar en las nuevas colonias de América son los protagonizados por los antes mencionados puritanos y cuáqueros. Ambos grupos tienen su origen en Inglaterra de donde salen tanto por motivos religiosos, no están de acuerdo ni con la iglesia de Roma ni con la anglicana, como por motivos económicos, a los puritanos les son entregadas tierras en lo que más tarde será Nueva Inglaterra y en 1680 se instalarán los cuáqueros en Pensilvania.

Para los protestantes la lectura de la Biblia es necesaria y obligatoria. Por ello fue traducida a varios idiomas y, sobre todo, fue leída en los servicios religiosos, con lo cual el mensaje tuvo una mayor y más comprensiva difusión.

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En el siglo XVII las normas surgidas del Concilio de Trento (1545-1563) estaban ya plenamente fijadas en todos los estamentos de Iglesia católica. Una de esas disposiciones fue la creación de nuevos medios para la difusión de la doctrina católica en todas las capas sociales. Entre ellos estaban el catecismo y las nuevas escuelas, que se pudieron desarrollar gracias a una mejor formación del clero en general. Sin embargo también surgieron algunas nubes negras como el fortalecimiento de la Inquisición o la creación del Índice de libros prohibidos. Para conseguir difundir las reformas tridentinas se hizo necesaria una reordenación de las instituciones de la Iglesia católica, consiguiendo así mejorar la atención de los creyentes y difundir y dichas reformas.

Uno de los más importantes métodos utilizados por la Iglesia de Roma para expandir su nueva doctrina fue el de las órdenes religiosas tanto las nuevas como las ya existentes y tanto las masculinas como las femeninas.

Sin embargo hubo una orden que destacó por encima de las demás, sobre todo en su función evangelizadora: la Compañía de Jesús. En 1537, el papa Paulo III condenó la esclavitud de los aborígenes americanos, por lo que los reinos cristianos implicados en la conquista quedaban obligados a sostener la evangelización y a respetar los derechos indígenas.

El Papa, con acuerdo de España y Portugal, eligió en 1540 a la Compañía de Jesús, creada por Ignacio de Loyola, para misionar entre los americanos. En 1549, llegó a Sudamérica la primera misión jesuita con el fin de evangelizar a los tupí-guaraníes de São Paulo, en el Brasil. A lo largo del siglo XVII, los jesuitas establecieron misiones en varias zonas del continente americano desde México a Paraguay, país en el que establecieron las primeras dos reducciones (2). El poder económico de los jesuitas y su influencia en las casas de estudio, tanto en Europa como en América, enemistaron a la Compañía con la Corona española. En 1767, el rey Carlos III dictaminó la expulsión de los jesuitas de España y de todos sus dominios. Las misiones quedaron en manos de curas seculares que cometieron muchos abusos con la población a su cargo.

Si bien en las colonias españolas y portuguesas de América el número de católicos crecía, no ocurría lo mismo en Asia, donde por distintas razones, como la pérdida de poder comercial portugués a favor de los holandeses, hacía que se estancase ese crecimiento. Donde España o Portugal no tenían derecho de evangelización lo tenía Roma directamente. En el Extremo Oriente utilizó para tal fin la Congregación para la Propagación de la Fe, con misioneros formados en París.

Con la ampliación de las misiones católicas fueron apareciendo varios problemas, uno de los más importantes era la discusión en el modo de llevar a cabo la evangelización, de donde surgió la llamada querella de los ritos chinos. En este largo conflicto (1645-1744) se enfrentaron dos formas de ver la evangelización.

La mayor parte de los jesuitas pretendían admitir de las civilizaciones asiáticas todo aquello que fuera compatible con el Evangelio. Por otra parte, sabían muy bien que sólo la buena voluntad del emperador chino permitiría la difusión del mensaje cristiano. Frente a ellos, dominicos y franciscanos, estaban de acuerdo con San Agustín en exaltar el poder de la gracia, y, en consecuencia, se negaban a toda componenda exigiendo conversiones totales, aunque fueran escasas. La querella surgió paralelamente a las duras luchas que enfrentaban a jesuitas y agustinos en Europa, por lo cual se vio notablemente agravada, sumándole que tal disputa estallara cuando las iglesias cristianas se esforzaban en combatir en Occidente las “supersticiones”, las secuelas del paganismo.

Como ya se ha dicho la Iglesia católica utilizó, además de la predicación dominical, varias armas para expandir su renovada fe, algunas ya existían y otras comenzaron a implantarlas en el siglo XVII: la imprenta, las cofradías o la aparición de un nuevo arte: el Barroco.

Fachada de Giacomo della Porta de la iglesia del Gesù, un precursor del barroco.

Frente a la sencillez del arte renacentista, inspirado por los modelos griegos y romanos, tras el Concilio de Trento, la iglesia quiso dar una nueva imagen al catolicismo, y para ello trató de mostrar en la arquitectura de las iglesias y las catedrales la grandiosidad de Dios. Frente a la sobriedad de los templos protestantes, el interior de los santuarios católicos estaba repleto de imágenes religiosas representadas con gran lujo de detalles. La Compañía de Jesús se implicó también en la difusión de este cambio artístico. La iglesia del Gesù es la culminación del modelo jesuita de entender el templo, contrapuesto al de la Reforma. Apartar al pueblo de la lectura directa de la Biblia exigía apostar por una religión que motivara otros sentidos. Tras la Contrarreforma, la música y el arte hicieron de las ceremonias católicas verdaderos deleites para la vista y el oído con la finalidad de producir una honda experiencia religiosa en los fieles.

En general, todas estas medidas promovidas por la Contrarreforma no sirvieron para recuperar los territorios convertidos al protestantismo, pero sí frenaron el avance de la Reforma y reforzaron el catolicismo.

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Es evidente que durante el siglo XVII el objetivo final tanto de la iglesia católica como de las diversas protestantes no es otro que la recristianización de la sociedad. Alejando para siempre el paganismo a las masas más débiles, tanto del campo como de la ciudad.

Sin embargo, a pesar de las dos reformas, el siglo XVII fue el siglo que puso la semilla para que la razón del hombre fuese adquiriendo el valor que hasta entonces le habían negado las iglesias dominantes. Aparecen ya filósofos y pensadores que hacen alguna crítica hacia la religión y tienen formas de pensar liberales, las cuales producirán el ateísmo o el deísmo de John Toland (1670-1722) y desembocarán en las revolucionarias ideas de la Ilustración del siglo XVIII.

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NOTAS

(1) indulgencia: Remisión ante Dios de la pena temporal correspondiente a los pecados ya perdonados, que se obtiene por mediación de la Iglesia. Fuente: Real Academia Española.

(2) Reducciones jesuíticas: (…) Pueblos misionales fundados por la Compañía de Jesús entre los guaraníes y pueblos afines, que tenían como fin evangelizar a los nativos de la actual provincia argentina de Misiones, el norte de Corrientes e importantes territorios actualmente en el Paraguay y sur del Brasil. Fuente: Wikipedia.

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