Otra arquitectura del siglo XX

Los grandes maestros de la arquitectura del siglo XX huyeron del academicismo y el clasicismo y profetizaron una nueva vida donde la tecnología, la lógica matemática y el uso de los nuevos materiales serían los fundamentos únicos de la arquitectura futura. Sin embargo esta teoría “lineal” no se llegó a dar en ningún momento. En este trabajo quiero exponer algunos ejemplos de cómo los más grandes creadores orientaron en algún momento de su carrera esa certeza moderna hacia la más que necesaria unión entre modernidad y tradición vernácula. Al mismo tiempo he querido mostrar ejemplos de arquitectos contemporáneos que, aun manteniendo evidentes relaciones con los grandes nombres del pasado, son capaces de reformar las teoría moderna para crear una nueva arquitectura más pegada al paisaje y al hombre, tratado éste como alguien individual y único, no como una máquina.

Esa mezcla de ideas vanguardistas y comprobadas soluciones locales se dio en todo tipo de construcciones, aunque predominan las casas individuales y, lo que es más importante, en todos los estilos que se fueron dando en el siglo XX, desde las primeras vanguardias y el Movimiento Moderno hasta los edificios más eclécticos del Posmodernismo. En esa “ciudad ideal” he querido colocar alguno de los edificios que creo son más ejemplificadores de esta tendencia de la arquitectura. Aunque soy consciente de que en esa ciudad faltan algunos servicios básicos pienso que como “ideal” puede servir de modelo.

1. Plan para la primera “Ciudad Jardín”, Letchworth, Hertfordshire, Inglaterra, 1903.

Barry Parker (1867-1947) y Raymond Unwin (1863-1940).

Cuando a principios del siglo XX se comienzan a cuestionar las formas de vida en las masificadas ciudades inglesas, aparecen movimientos que reivindican un retorno a la artesanía y a formas de vida más relacionadas con lo rural, alejándose de la industrialización y de la producción en masa. Una de las ideas más originales fue la promulgada por el urbanista Ebenezer Howard (1850-1928) en su libro Ciudades Jardín del mañana, publicado en 1902, el cual es un compendio de todas las ideas y teorías urbanísticas aprendidas por Howard, la cuales a su vez se hundían en las ideas del movimiento “Arts and Crafts” promulgado por William Morris, John Ruskin y Philipp Webb, en la segunda mitad del siglo XIX en Gran Bretaña. La “Ciudad Jardín” de Howard no era únicamente un amontonamiento de edificios y casas singulares, sino una forma de vida en si misma, la unión entre los beneficios de la urbe y, sobre todo, del mundo rural. Con estas bases se construyó el pueblo de Letchworth, primera materialización de todas las teorías. El plan se basaba en una distribución coherente, en anillos más o menos concéntricos, de las zonas dedicadas a usos comerciales, industriales y residenciales intercaladas con numerosas zonas verdes, todo ello rodeado por un cinturon agrícola comunal que evitase la especulación urbanística. La unión con la gran urbe se haría mediante unas rápidas líneas ferroviarias. Otra de las novedades que aparecieron en Letchworth fueron las llamadas “Casas Baratas”, destinadas a los obreros que debían trabajar en el cinturón industrial de la ciudad.

Tras el ejemplo de Letchworth se crearon otras “ciudades jardín” tanto en Inglaterra (Welwyn), en Estados Unidos (Radburn) o en Alemania (Weimar). También en territorio germano, durante los años de la escuela de la Bauhaus (1919-1933), se recogieron parte de esos planteamientos y se produjeron casas y barrios enteros que bebían, en parte, de las fuentes teóricas de la “Ciudad Jardín”. Los convencionamientos medioambitales y de sostenibilidad que se desarrollaron durante el siglo XX tuvieron como base, entre otras, las ideas de Howard.

2. Robie House, Chicago, Estados Unidos, 1908-1910.

Frank Lloyd Wright (1867-1959).

Frank Lloyd Wright era hijo de un predicador que vivía en Wisconsin, en una localidad pequeña, alejada de las grandes urbes. Quizá por ello su arquitectura se siente tan cerca y tan pegada al paisaje. Seguramente el hecho de no tener formación universitaria también influyó en que se considerase a sí mismo como alguien alejado de los simples postulados academicistas, ya viniesen de Europa, del Movimiento Moderno en particular, o del estudio de Louis Sullivan, en el que trabajó antes de independizarse. La “arquitectura orgánica”, la mayor aportación del arquitecto a la historia de la arquitectura, es la que está en perfecta consonancia con el lugar donde se levanta. Wright vivió siempre aferrado al espíritu de la América primitiva, la de los grandes espacios, la de las grandes praderas, y fue precisamente de esas interminables extensiones de donde surgió la “casa de la pradera”. Se trata de toda una serie de casas individuales construidas en el campo cuya culminación es la Robie House, a pesar de estar levantada en un barrio de Chicago.

Junto a esas viviendas tradicionales de la América profunda, Wrigth estaba muy influenciado por las casas ancestrales japonesas, lo cual se ve reflejado en los grandes voladizos laterales de esta casa, que añaden sombra e intimidad a los distintos ambientes que se organizan en torno a la chimenea central. Esta disposición centralizada pero a la vez abierta, alejada del cubo, hace de esta casa un gran ejemplo de arquitectura dinámica, orgánica, la cual no se pierde a pesar de que Wright aplicó otra de sus características: la línea horizontal que aporta una especie de rígida sustentación al edificio.

3. Factoría modelo Gut Garkau, Lubeck, Alemania, 1924-1925.

Hugo Häring (1882-1958).

Se podría decir que Frank Lloyd Wright acuñó el término “arquitectura orgánica”, pero no cabe duda de que uno de los arquitectos que más influencia tuvieron en la elaboración de una teoría “orgánica” fue Hugo Häring, pues tanto en sus escritos como en su escasa obra construida, están las bases de todo lo que hoy conocemos como orgánico. Este arquitecto, hoy en día prácticamente olvidado, no se sentía cercano a las teorías de la mecanización total propugnadas desde los círculos “funcionalistas”.

Este edificio, al igual que el resto de los de Häring, deja ver en sus formas exteriores el interior. Su forma está pensada inseparablemente de su función: es un establo y como tal debe ser cómodo para los animales que en él vivan como para los hombres y mujeres que deban trabajar allí. Es decir que la “armonía natural” entre el hombre y la tierra no es siempre la misma, las relaciones entre ambos son distintas en cada ocasión y con esa perspectiva se debe construir.

El establo tiene dos pisos. En el inferior se sitúan los animales, colocados en torno a un pesebre central de forma ovalada, de tal forma que el acceso a ellos sea lo más sencillo posible para mantener su limpieza. En el nivel superior está hueco en el interior para así poder dar el heno a los animales de una forma más cómoda. El resto de dependencias están pensadas tanto para realizar el trabajo cómodamente como para mantener la buena salud de los animales.

4. Villa le Sextant, Charente-Maritime, La Palmyre-Les Mathes, Francia, 1935.

Charles Édouard Jeanneret-Gris, Le Corbusier (1887-1965).

Uno de los grandes nombres responsables de la renovación arquitectónica del siglo XX fue sin duda Le Corbusier. Durante los años veinte del pasado siglo no solo asumió las innovaciones más radicales de la vanguardia arquitectónica, sino que fue creador de alguna de las soluciones más drásticas y perdurables del Movimiento Moderno, dando una trascendental importancia a las últimas novedades tecnológicas. Sin embargo a partir de 1930 también releyó muchas de esas posturas y, sin olvidarlas, realizó alguna de sus obras siguiendo los parámetros marcados por la tradición vernácula de los lugares donde se asentaron.

Uno de los mejores ejemplos de esa mezcla entre vanguardia y tradición es la Villa le Sextant o Casa en Les Mathes. En ella se unen la arquitectura popular mediterránea con el diseño horizontal y limpio característico del Movimiento Moderno. La piedra local que recubre las fachadas de forma desordena y la madera de los balcones, se fusionan sin estridencias con las ventanas horizontales y las logias abiertas que aligeran visualmente la construcción. Ante esta casa uno no sabría decir si está exactamente viendo una casa moderna o una construcción agrícola surgida del talento de los canteros de la zona, pues supone un auténtico homenaje al espíritu del orden clásico y tradicional.

5. Villa Mairea, Noormarku, Finlandia, 1938-1939.

Alvar Aalto (1898-1976).

A pesar de que Alvar Aalto está considerado como uno de los grandes del Racionalismo, del Estilo Internacional, lo cierto es que alguna de sus mejores obras se aleja de los postulados de ese movimiento. A pesar su participación en los Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna, lo cierto es que, en determinados aspectos estaba más cerca de la obra orgánica de Frank Lloyd Wright, a quien conoció personalmente hacia 1947. Su trayectoria entonces se volvió, como no, hacia su tierra, Finlandia, y de esa mistura de estilo o más bien de ideas nace la más auténtica de las obras de Aalto.

Villa Mairea fue construida por encargo de Mairie y Harry Gullischsen, heredera ella de una importante empresa maderera y muy aficionada a las artes. La casa, de amplias proporciones, se encuentra en lo alto de una colina, cercada por un muro de piedra y rodeada de pinos, detalle éste por el que el arquitecto mostró un gran cuidado y un enorme respeto. A pesar de que la fachada tiene una clara apariencia funcionalista, el caso es que la casa está llena de detalles que la alejan de esos fundamentos. La tradición finlandesa de la madera se advierte ya desde la entrada, protegida por una serie de troncos con corteza, y se despliega a lo largo de todas las estancias, tanto en las paredes recubiertas con estrechas tablas oscuras, de larga tradición finesa, como en todos los muebles, diseñados en su mayoría por el propio arquitecto. A pesar de que Alto nunca estuvo en Japón también se debe subrayar la evidente influencia de la arquitectura tradicional nipona en lo que al uso de los materiales o al desarrollo de las proporciones, dando mucha importancia a las zonas de representación, todas ellas en el piso bajo. Detalles como la sauna típica finlandesa no hacen más que sugerir el cambio de rumbo que estaba tomando estilo de Aalto. Villa Mairea es un muestrario de todas las capacidades e influencias que Aalto había tenido hasta entonces, pero también es un ejemplo para trabajos posteriores de otros muchos arquitectos.

6. Casa Farnsworth, Plano, Illinois, Estados Unidos, 1946-1951.

Ludwig Mies van der Rohe (1886-1969).

En 1938, tras intentar mantener abierta la escuela de la Bauhaus, Mies van der Rohe emigra a EEUU. Allí realizó algunas de las obras cumbre de la arquitectura moderna como los nuevos edificios del Illinois Institute of Technology (IIT) en Chicago o el Rascacielos Seagram en Nueva York. Pero al mismo tiempo edificó viviendas particulares que, por su concepción, nos llevan hasta los inicios de su carrera en Alemania, cuando trabajaba con Peter Behrens (1868-1940) un arquitecto de evidente corte neoclásico y estudiaba la obra de Karl Friedrich Schinkel (1781-1841), autor de colosales obras como el Altes Museum de Berlín. Pero éste último también fue autor de casas de campo para los reyes prusianos, las cuales eran todo un ejemplo de proporción y claridad formal, y que tenían, además, la gran virtud de integrarse o mimetizarse con su entorno. Ese espíritu es el que reaparece cuando van der Rohe acepta el encargo de Edith Farnsworth para construir un sencillo lugar de retiro vacacional.

A pesar de no parecerlo, la arquitectura de Mies van der Rohe bebe directamente de esas fuentes neoclásicas, donde la pureza de la línea es un sacramento. En este caso materiales como la piedra, el hormigón o el ladrillo son sustituidos por el acero y el cristal, característica ésta que predomina en toda la obra de madurez del arquitecto alemán. La casa se articula en tres planos horizontales, que podrían recordar a Frank Lloyd Wrigth, y ejecuta con exactitud las máximas del Estilo Internacional al dejar sin paredes la zona de entrada, el porche, y cerrando con cristal la parte privada de la casa. Varios autores hablan de que esta casa es uno de los primeros ejemplos de minimalismo arquitectónico, aunque en realidad van der Rohe no hace más que poner en práctica su idea del “menos es más”, pero sin olvidar los perfectos acabados y la calidad de los detalles y de los materiales, construyendo un edificio alejado del auténtico ideal minimalista de sencillez en todo lo relacionado con una determinada forma de vida.

7. Glass House, New Canaan, Connecticut, Estados Unidos, 1949.

Philip Johnson (1906-2005).

Al llegar a Estados Unidos Mies van der Rohe ya era un reputado arquitecto, por ello no es de extrañar que rápidamente tuviese numerosos seguidores, entre los más destacados están Charles Eames (1907-1978) o Philip Johnson. Éste último estaba totalmente seducido por el uso que van der Rohe hacía del acero y del cristal, y con estos materiales construyó su “caja de cristal” pues la casa fue residencia privada de Johnson hasta su muerte. En ella limitó al máximo el uso del metal, creando un lugar donde los árboles y el aire que lo rodean “entran” por todos lados, únicamente el lugar dedicado al baño queda cerrado a la mirada de los que están en el exterior.

A pesar de resultar una de las cumbres del movimiento moderno, la casa de Johnson no estuvo nunca exenta de cierta polémica académica ya no relacionada con su innegable elegancia o ni con sus valores estéticos, que los tiene en cantidad, sino por la viabilidad de su propia “utilidad”, la indiscutible relación entre forma y función que debían cumplir las casas que a ese movimiento se adscribían. Esto desembocó en la creencia de que Johnson pretendía más crear una obra que perdurase en el tiempo que un lugar habitable.

Años más tarde, en 1982, Johnson, abandonado el Estilo Internacional, construyó uno de los iconos del movimiento posmoderno: el Sony Building de Nueva York.

8. Casa de Vanna Venturi, Chestnut Hill, Filadelfia, Estados Unidos, 1962-1964.

Robert Venturi (1925).

El arquitecto Robert Venturi publicó en 1966 un libro titulado Complejidad y contradicción en arquitectura. En este libro se criticaba ya sin tapujos alguno de los postulados ortodoxos del Movimiento Moderno, marcando un punto de partida para la aparición de un nuevo estilo: el Posmodernismo, si bien es éste un estilo de muy difícil situación temporal e, incluso, de difícil unificación estética.

Esta casa fue construida para la madre de Venturi, Vanna, y es fiel reflejo de lo expuesto en el texto antes mencionado. Por un lado representa la vuelta a la tradición americana de las casas desarrolladas en torno a la chimenea, al ámbito doméstico de recogimiento familiar. Se rechazan de esta manera las formas impuestas por todo el Movimiento Moderno y se retoman así las ideas de sencillez constructiva y formal que ya había recogido Frank Lloyd Wright en sus “casas de las praderas”. Por otro lado tanto el texto como la casa ponen de manifiesto las contradicciones inherentes a toda reformulación de los estilos, visibles en este caso en la mezcla de inspiración vernácula y de aditivos contemporáneos.

La pequeña edificación parece sencilla pero no lo es. Su supuesta austeridad formal se ve continuamente atacada por elementos como el tímpano cortado, la falta de simetría o los cortes en las ventanas que nos hablan de una distribución interior en absoluto rigurosa.

9. Sea Ranch Condominium, Sonoma, California, Estados Unidos, 1964-1968.

Charles Willard Moore (1925-1995).

El Sea Ranch Condominium es reflejo de las ideas básicas que aparecen en toda la obra de Moore. La más importante de ellas es la casi obsesiva búsqueda de interacción entre las nuevas construcciones y el lugar para el que habían sido diseñadas, ya fuese éste urbano o, como en este caso, en mitad de la naturaleza. Para su elaboración el arquitecto siguió al pie de la letra las tradiciones constructivas californianas, pero no por ello dejó de imprimirles el sello propio de la época en que fueron construidas. De esta forma se unen de manera armoniosa los materiales vernáculos con unas formas que aun recuerdan los postulados del Movimiento Moderno, pero que una vez liberadas de la simetría y salpicándolas de entrantes y salientes van augurando el Posmodernismo que impregnó toda su obra posterior, teniendo como referente fundamental la Piazza d’Italia en Nueva Orleáns (Estados Unidos) construida entre 1975 y 1978.

Para adecuarse al entorno Moore creó un complejo de diez unidades habitacionales dispuestas alrededor de un patio que las protege de los constantes vientos que soplan en esa zona, también eliminó cualquier añadido que estuviera relacionado con la escasa lluvia recogida en California, si a todo esto añadimos el tejado a un agua y la perfecta composición volumétrica el resultado es la conjunción entre los edificios y el abrupto terrenos costero donde se instalaron.

10. Casa Lawson, Quogue, Long Island, Nueva York, Estados Unidos, 1979-1982.

Robert A. M. Stern (1939).

El Shingle Style, era una forma de construcción en madera propia de los colonos que llegaron a Norteamérica entre los siglos XVII y XVIII. Con finas tablas se cubrían las modestas casas que se autoconstruían esos pioneros.

Durante los años sesenta y sobre todo en los setenta la animadversión hacia el racionalismo y sus omnipresentes geometrías llegó a su punto álgido. Uno de los arquitectos que se aprovechó y difundió esta corriente fue Stern, uno de los maestros del Posmodernismo.

Para hacer frente a la frialdad funcionalista recogió, entre otras cosas, la forma de construir del Shingle Style y lo adaptó a los tiempos y a los usos. Ya no eran colonos que trabajaban de sol a sol los que construían las casas, sino que éstas eran encargadas por adineradas familias de Nueva York. Sin embargo en la mente de este arquitecto no estaba la estridencia ni el adorno vulgar y porque sí, lo que pretendía era volver a mostrar en una misma construcción la conexión entre arquitectura y tradición vernácula.

Robert Stern defendía por aquel entonces el eclecticismo la necesaria relación de los edificios con su entorno. La casa Lawson es un gran ejemplo de sus postulados. Además del Shingle Style, el clasicismo tan típico de la arquitectura posmoderna se verifica aquí en el amplio ventanal en arco que remata una de las fachadas y en las generosas columnas que soportan el tejado del porche.

11. Iglesia de la Luz, Ibaraki, Osaka, Japón, 1987-1989.

Tadao Ando (1941).

En la arquitectura japonesa del siglo XX se aprecia mejor que en ninguna otra la convivencia entre modernidad y tradición. Sin duda el mejor ejemplo de ello es Tadao Ando. La casa tradicional japonesa, los jardines zen o los templos sintoístas son la base sobre la que se asientan las ideas de Ando. Tanto unas como otros son un verdadero alarde de simplicidad, de sobriedad y sobre todo de modernidad, porque son una prefiguración de las vanguardistas ideas que marcaron la obra arquitectónica del siglo XX. En esos edificios lo más importante es tanto la luz como la sombra, pues la una no puede existir sin la otra. Esta máxima la recoge Tadao Ando y la une con impecable maestría a los fundamentos de la arquitectura moderna, sobre todo en sus reglas de sencillez y geometría y en la utilización prácticamente en exclusiva del hormigón.

Todos esos preceptos están representados en la Iglesia de la Luz. Un perfecto cubo de hormigón que solamente se ve interrumpido por las exactas incisiones que, magistralmente situadas, dejan pasar únicamente la luz natural necesaria para conseguir hacer del lugar un monumento al recogimiento y a la comunión del hombre con sus creencias. A la sencillez constructiva se une la humildad de los materiales empleados. Junto al hormigón de la estructura solo aparece la madera. La de los suelos está colocada en bruto, sin tratar, y la de los bancos es la misma que durante la construcción utilizaron los obreros en sus andamios.

12. Casa de piedra, Tavole, Liguria, Italia, 1988.

Jacques Herzog (1950) y Pierre de Meuron (1950), Herzog & de Meuron.

La “nueva sencillez” podría ser un buen eslogan para describir el trabajo de los arquitectos en activo que tratan de mantener una relación amistosa con el entorno en donde se construyen sus edificios, ya sea éste urbano o rural. Herzog y de Meuron son un buen ejemplo. Sus plantas son limpias y sus fachadas simétricas, pero los materiales están arraigados al mundo que los rodea.

Esta casa puede recordarnos a la ya descrita Le Sextant de Le Corbusier, pues no en vano utilizan soluciones parecidas para lograr la integración con el paisaje. Lo cual nos habla de la deuda que todos los arquitectos actuales mantienen con los maestros de la primera mitad del siglo XX. Esta casa es un cubo con los nervios sustentantes hechos de hormigón y los muros rellenos con piedras colocadas en hiladas y en seco, sin aglutinante. Esta forma de recubrir las paredes está obtenida por la observación que los arquitectos hicieron de los muros que rodeaban las huertas cercanas. La impresión visual que transmite la casa se logró precisamente por la combinación de los distintos materiales, pues logran suavizar la dureza de las formas cúbicas de la casa en general.

Esta forma de hacer arquitectura, en la que también encuadro a Tadao Ando o a Peter Zumthor, está alejada de las estridencias o de los brillos efímeros, y esto se lo debe en gran medida a la humildad de las construcciones tradicionales, a la necesidad de hacer una arquitectura “seria”.

13. Museo de los glaciares, Fjaerland, Noruega, 1989-1991.

Sverre Fehn (1924-2009).

De entrada, las formas de esta edificación parecen remitir directamente a las montañas que la rodean, en lo más fondero de un fiordo noruego. Y no solo las imita sino que debe, al igual que el resto de cumbres, soportar las inclemencias del lugar. La nieve lo cubrirá varios meses al año y la lluvia recorrerá sus inclinadas paredes de hormigón. Pero la obra de Sverre Fehn está pensada para ello. Para mimetizarse con el arisco entorno y acabar siendo ella misma parte de las piezas geológicas arrastradas por el glaciar que guarda en su interior.

El pórtico de entrada, a dos aguas, está relacionado con la construcción vernácula escandinava, la inclinación de las paredes se aprovechó para hacer unas escaleras de subida a la terraza-mirador del tejado y en la parte del restaurante, allí donde los seres humanos iban a tener tiempo suficiente para mirar el paisaje, el hormigón se sustituyó por cristal, integrando la panorámica del frío con el calor del caldo.

14. Centro Cultural Jean Marie Tjibaou, Nouméa, Nueva Caledonia, 1991-1996.

Renzo Piano (1937).

Después de que en 1977 Renzo Piano junto a Richard Rogers (1933) concluyeran el Centre George Pompidou en París, la sociedad se deshizo y, quizá por ello, Piano dio un giro a sus trabajos. De esa evolución, de ese retorno a la naturaleza que el arquitecto realizó durante los años noventa del siglo XX surgieron dos de sus obras más emblemáticas: su propio estudio, Punta Nave, en Génova (Italia) y sobre todo este centro cultural. En este caso una de las premisas era huir del colonialismo arquitectónico, el rescatar los valores tanto antropológicos como culturales de la sociedad local. Para ello el arquitecto no dudó en inspirarse en las cabañas típicas de la cultura Kanak y en amoldar sus ideas tanto al perfil topográfico como a la vegetación circundante.

Una de las constantes en la arquitectura actual es buscar la mayor eficiencia energética. El conjunto edilicio de Piano fue uno de los primeros en aprovechar los vientos del Pacífico para crear un efectivo y asumible método para dar ventilación a los distintos edificios.

15. Baños termales de Vals, Grigioni, Suiza, 1991-1996.

Peter Zumthor (1943).

Cerca de este edificio termal se encuentra una cantera de la que se extrae el gneiss verde, la piedra con que se revistió todo el conjunto, tanto el exterior como el interior. De esta manera el edificio de Zumthor se parece a un gran y ancestral monolito que se integra perfectamente bajo los desnudos picos calizos y junto a las construcciones tradicionales de la montaña suiza.

Estamos en el mundo de lo que podríamos llamar “arquitectura no invasiva” o “arquitectura integradora”. Seguramente muchos arquitectos teman parecer “no modernos” y por ello intenten hacer destacar sus obras en medio de cualquier paisaje. Pero para Zumthor solo se debe variar la forma de construir vernácula cuando se mejora, es decir cuando se aportan soluciones técnicas o estéticas que favorezcan lo anteriormente construido.

Por supuesto el arquitecto tampoco se olvidó de la función, de las necesidades de un edificio de baños termales. Pero logró crear un lugar y un ambiente donde la simple inmersión en una piscina se convierte en un rito. Y ello lo consiguió gracias a la perfecta distribución de espacios abiertos y cerrados y al juego de luces y sombras.

Una de las ideas de Zumthor era crear la ilusión de que las termas estaban allí antes de que existiese ninguna otra construcción a su alrededor. Por ello utilizó para los muros materiales autóctonos, de esos a los que el tiempo no logra deshacer, sino que el musgo parece haber crecido para engalanarlos.

16. Pasaje conmemorativo de Walter Benjamin, Port Bou, Cataluña, España, 1994.

Dani Karavan (1930).

Walter Benjamin (1892-1940) fue autor de una importante obra filosófica y literaria. Entre esos escritos se encuentra uno titulado Pasajes, el cual fue la inspiración de Dani Karavan para diseñar su obra conmemorativa. Tres caminos componen este monumento, uno de ellos es el que nos ocupa.

Esta obra no es arquitectura en su estado puro, quizá está más cerca del land art, pero no cabe duda de su capacidad para integrarse en el paisaje y para sugerir distintas respuestas dependiendo del espectador o, incluso, del estado de ánimo. Si a esto le añadimos la utilización de materiales muy frugales, es posible que halla servido de inspiración para mucha de la arquitectura que se viene haciendo actualmente.

Unas largas escaleras descienden hacia el mar protegidas por unas paredes de acero oxidado. El viaje es interrumpido por una lámina de cristal. Un viaje a ningún sitio pues el final del mismo es la muerte. La misma que encontró Benjamin en Port Bou, cuando decidió suicidarse y finalizar de esa manera su huída del nazismo.

17. Cementerio de Fisterra, Fisterra, Galicia, España, 2002.

César Portela (1937).

La arquitectura que pretenda pasar a formar parte de un lugar debe diluirse en el mismo. Debe pasar desapercibida, como si siempre hubiera estado allí.

El cementerio que Portela ideó para el pueblo de Finisterre está muy alejado de los recintos cerrados a los que estamos acostumbrados. Aquí no existen los muros. Las delimitaciones están decididas de antemano por los ríos, las rocas, los caminos antiguos y, cómo no, el mar.

Los bloques para nichos se diseminan por la colina mirando al horizonte, a ese mar donde muchos marineros de la comarca dejaron sus vidas. El camino se asemeja a una serpiente que recta por las pendientes y a su paso se va topando con las últimas moradas de los hombres. Cada uno de esos bloques está inspirado en las grandes rocas de granito que se encuentran por toda la colina y que aspiran a convertirse en tierra por el empuje del viento y de la lluvia.

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BIBLIOGRAFÍA

ANTIGÜEDAD DEL CASTILLO OLIVARES, Mª Dolores; NIETO ALCAIDE, Víctor; y SERRANO DE HARO SORIANO, Amparo: El arte del siglo XX. Metamorfosis del Arte. Madrid, Editorial Universitaria Ramón Areces, 2011.

FRAMPTON, Kenneth: Historia crítica de la arquitectura moderna. Barcelona, Ed. Gustavo Gili, 2002.

RODRÍGUEZ RUIZ, Delfín: La arquitectura del siglo XX. Madrid, Historia 16, 1993.

TIETZ, Jürgen: Historia de la arquitectura del siglo XX. Colonia, Könemann, 1999.

WEBGRAFÍA

en.wikipedia.org

es.wikipedia.org

FOTOGRAFÍAS

Todas las fotografías son de commons.wikimedia.org excepto:

Sea Ranch Condominium:

William Turnbull/MLTW Collection (2000-9). Environmental Design Archives, University of California, Berkeley.

Casa de piedra:

hkureator.tumblr.com

Centro Cultural Jean Marie Tjibaou:

dorianbuchi.blogspot.com.es

Cementerio de Fisterra:

nuevasarquitecturas.blogspot.com.es

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