Enclosures y “bienes de manos muertas”

MDurante el siglo XVII la situación del campesinado, entendiendo éste como aquellos que de una u otra forma trabajan la tierra y no a todos los que viven en el campo, era prácticamente de subsistencia, debido entre otros factores a la pérdida de derechos comunales, a las malas cosechas o a la irregular distribución de los impuestos.

El mundo campesino europeo se caracterizaba por las diferencias de relación entre estamentos que se daban en un lugar o en otro, dependiendo de la Europa oriental, la mediterránea o la noroccidental. En esta última nos encontramos con los grandes terratenientes que arrendaban sus tierras. Esta situación se vio favorecida por el impulso de los enclosures, que se desarrolló sobre todo a mediados del siglo XVIII y que consistió en el cercamiento de las tierras comunitarias que pasaron a manos de los grandes poseedores. Con esta norma la mayor parte de los campesinos medios perdieron todas sus tierras, y en el caso de que quisieran recuperarlas para su uso debían alquilarlas o comprarlas a los nuevos dueños. Estos grandes terratenientes aprovecharon el momento para introducir numerosas mejoras en los cultivos y en las técnicas de explotación que ayudaron a aumentar los resultados agrícolas ingleses, pero que perjudicaron en gran medida al campesinado, desposeído de sus tierras comunales y obligado a trabajar en las nacientes industrias.

Mientras tanto durante la Monarquía Hispánica o Monarquía Católica existía una figura legal que actuaba sobre los bienes inmuebles, sobre todo las tierras, y que se denominaba “manos muertas”. Según esta norma esas posesiones habían sido vendidas o regaladas a perpetuidad, lo cual era perjudicial para el Estado centralista, pues no tributaban al no poder ser enajenadas o transmitidas a herederos.

Desde la Edad Media la mayor parte de esas posesiones estaban en manos de la Iglesia Católica y de la Órdenes Religiosas, por lo que se abrió un nuevo contencioso entre éstas y las monarquías absolutas, apoyadas por los ilustrados, es decir el “despotismo ilustrado”.

Mientras en la Europa septentrional se atajó el problema con las reformas clericales impulsadas por el protestantismo, en el sur la situación continuaba durante el siglo XVIII. A finales de dicho siglo y comienzos del XIX comenzaron una serie de desamortizaciones, sobre todo en Francia y en España, impulsadas por el regalismo, por las cuales se desposeyó a la Iglesia Católica de una gran parte de posesiones de “manos muertas”, con la sana intención de entregarlas a personas que pudiesen trabajarlas y por ende pagar impuestos. Esto funcionó únicamente en casos muy concretos ya que la mayoría de las tierras recuperadas pasaron a manos de grandes terratenientes.

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